
"Pero él no me llama.
Cada día, el deseo de volver a verlo se intensifica y parece un poco más probable que se haya olvidado de mí; el sufrimiento es insoportable.
Una horrible sensación de confusión, de cosa inacabada, quedan tantas cosas que vivir, que dar, si él supiera... Necesidad de volver a verlo, de demostrarle que sabré ser digna de él, respetarlo, hacer que se sienta orgulloso de mí, sabré consagrarme a su placer, podrá disponer de mí, de mi cuerpo, de mi alma, sabré estar a la altura de sus exigencias, no hago sino esperar sus órdenes, una sola palabra suya...
Pero ¿por qué no me llama?
Ni siquiera me conoce, no reconocería mi voz, tal vez la curva de mi espalda, que lo espera, que reclama que disponga de ella, que exija.
Quisiera poder decirle que no espero nada de él, que solo aspiro a ser un eclipse tórrido en su indefectible cotidianidad."
Marthe Blau